miércoles, 16 de marzo de 2011

Las transformaciones silenciosas III

La no visibilidad de la transformación


Aristóteles había enunciado algo imposible de entrada: "el cambio del cambio" (metabolé metabolés). Cualquier movimiento, sea el que sea, va de una forma a otra, "de" algo "hacia" algo, suponiendo por eso mismo principios y fines, y sujeto. Pero si hay generación de generación, y devenir del devenir, una generación que a su vez a sido engendrada su generación también tendría que haberlo sido y así hasta el infinito sin poder pensar en dónde empieza y termina el proceso.

En la cosmovisión china, que como hemos dicho alberga a los contrarios, no hay problema de pensar el devenir del devenir, ya que todo fin es un principio, y todo principio ya se está acabando. Por eso no es posible hacer "historia del presente", y pongamos, comprender los hechos presentes en su conjunto -la crisis financiera europea y norteamericana, el crecimiento de China, las revoluciones árabes, la crisis enérgetica y ocupacional, el tsunami en Japón- ya que estamos en el medio de la danza de los principios y fines en los que ninguno es discernible en su marcha "comenzadora" o "finalizadora". Por eso la única operación historiadora es post-festum, la que analiza el pasado y sus hechos consumados. El presente no es objeto de interpretación, sino de escrutación de oportunidades -"fastas o nefastas".

Todas las situaciones no están movidas por "estructuras", como tienden a analizar las ciencias humanas y el lenguaje periodístico. Jullien propone que las situaciones son "propensionales", ya que, como podríamos evocar los dichos populares "no hay mal que dure 100 años" y "el mundo no se hizo en un día", es preciso mantener la confianza y trabajar sabiendo que por la propia disposición de la situación en algún momento tienen lugar los Auges, y también que éstos decaerán (y a la inversa). El libro clásico de las propensiones es "El libro de las mutaciones", que Jullien desglosa exquisitamente en varios de sus libros, y reinterpretándolo de modo materialista frente a versiones académicas clásicas metafísicas o de corte misticista.

En lugar de la "causalidad", Jullien propone la polaridad, en la que la relación entre los contrarios define continuamente el devenir. Por ejemplo, en psicoanálisis se han atestiguado de sobra las transiciones dialécticas y ambivalentes entre Amor y Odio (en los que el amor es una forma del odio y el odio una forma de amor), aunque ha tenido dificultades para pensar los "tránsitos" de uno al otro (que algún psicoanalista se defienda aquí, está invitado a comentar...)

En la tensión-transición de las polaridades, Jullien distingue entre modificación y transformación. La modificación señala el afloramiento visible del cambio, cuando un estadio de la evaluación, que ha llegado ya a su extremo, se invierte en su opuesto. La transformación, señala la maduración todavía invisible de la mutación, como así también la invisibilidad posterior resultado de la extensión generalizada de la mutación (se ha extendido ya tanto que no la vemos por eso mismo). Se parte de lo invisible y se llega a lo invisible. Vale la pena citar el exquisito párrafo:

"Mientras que la modificación es la parte emergente de la mutación, el límite que cuando se franquea deja que aparezca un giro o una inflexión del proceso, la transformación es la parte continuamente invisible, tanto en su dimensión anterior de gestación como en la posterior de propagación; fase de propagación que es la de una nueva gestación. (...) La transformación es demasiado discreta en su juego de influencias internas, para que aparezca al observador externo, y demasiado estacionaria en sus resultados para que aquél pueda percibir todavía las diferencias. (...) Entre el momento en el que todavía no ha accedido a lo visible y aquel cuando ya se ha desplegado demasiado y se ha confundido en el seno de lo visible por lo que ya se la discierne, la transformación no ofrece más que un pequeño intersticio de perceptibilidad, por eso hay que estar vigilantes para ¨escrutarla¨"


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