viernes, 11 de marzo de 2011

Las transformaciones silenciosas II

El pensamiento griego, como es sabido por los estudiosos de filosofía, fue refractario a la aprehensión y asimilación del movimiento y del cambio. "Corrupción de las formas", "confusión", que debe ser disipado por la operación del pensar. Lo claro y distinto no se deja arrastrar por el tiempo, tiene estatuto estable, el del Ser.

La lengua y el pensamiento griego parten del mito del Ser-sustrato-sustancia. Todo lo que sucede en el mundo tiene un soporte. Si algo se mueve es porque algo o alguien lo mueve y él mismo no está en movimiento, tal como yo desde mi posición fija empujo una mesa, siendo yo el activo y ella la pasiva, etcétera.

Esta equivocación formidable, este mito del Ser ha hecho posible todo lo que hoy consideramos grandioso de la herencia griega y el pensamiento occidental. La geometría, las matemáticas, la filosofía, la ciencia, la política y hasta el cine. ¿Porqué el cine? porque la ilusión de movimiento de la película... no es más que la suma de secuencias fotográficas fijas por microsegundo, tal la cosmovisión griega aplicada en tecnología.

El mito del Ser no tuvo lugar en China. En su lugar, tenemos el del Yin y el yang. Ying y yang como unidad de contrarios, el calor y el frío, por ejemplo es comprendido transicionalmente en las estaciones del año: el otoño que contiene al verano y al invierno, la primavera al invierno y el verano. En esa transición se contienen a los opuestos simultáneamente, y esa simultaneidad da lugar el paso de un "extremo" al otro.

Aristóteles, en cambio, propone un tercer término para comprender el paso de un "estado" al otro. Tercer término que sería el sustrato o la sustancia, hipokeimon. Por ejemplo, los opuestos frío y calor tienen su "sujeto de cambio" en la nieve. En ella es donde tiene lugar el cambio, en donde "se pasa" del frío al calor. Es un pensamiento que necesita de los opuestos para identificar, en este caso, la identidad nieve.

Pero si se es consecuente con la estrategia griega, hay que preguntarse la pregunta prohibida: ¿la nieve fundiéndose, "es" todavía nieve? ¿no es ya "agua"? Precisamente en el momento de la transición es donde las identidades se deshacen, en el que no son ninguna cosa, y por lo tanto no es posible sub-poner una identidad. Pero si se insiste en la existencia de identidad, el resultado es el no reconocimiento de la transición, quedando los contrarios sin posibilidad de relacionarse entre sí, irreconciliables.

Jullien plantea que el pensamiento chino escapa a esta dificultad puesto que no trata de subentender el tercer término, sujeto-sustrato del cambio. Simplemente, los opuestos bastan por sí mismos para dar cuenta de la coherencia de todo cambio. La relación entre ellos es de unidad, por el cual hay atracción-rechazo, contracción-distensión, etcétera ,donde el despliegue de uno da lugar necesariamente al otro y a la inversa.

Notas políticas al pie: Jullien, en todos sus libros hace una reflexión política implícita en todos sus análisis, y en algunas partes es explícita, pero deja al lector la capacidad de imaginar más consecuencias políticas en sus análisis. Por ejemplo, el "militante" sería aquel "sujeto" por el cual se podría activar, vía su intervención, tal como el Dios inmóvil, que tiene su propia fuerza y clarividencia, el cambio entre una situación reaccionaria y decadente a una revolucionaria y más progresista.

Desde una visión no sustancialista, el militante no tiene tal grado de poder, que sólo puede ejercerse forzando la transición "natural" de los hechos, utilizando o no la violencia física, del mismo modo que el militar desea obtener su victoria en base al valor que tiene la muerte, la pérdida de la preservación del cuerpo propio en aras del Objetivo -conquista, angelada o no.

Ello también elimina la necesidad de facciones en las que cada una fija un programa y compiten una con otra por imponerlo. También es innecesario un Partido único que diseñe todo.

El militante, aquí sería aquel que detecta los momentos más propicios para inclinarse sobre ellos y aprovechar sus fuerzas, tal como el surfista se inclina sobre la ola, o como el militar que desgastó a su enemigo y sólo lo atacó cuando quedó exhausto. Es una figura aún inexplorada, que intenta salir de las dicotomías táctica y estrategia, reforma y revolución, opuestos "griegos" cuyo sujeto y sustancia son el militante con su "programa".

¿Cuál es el programa que guiaría el paso de la táctica a la estrategia? No hay programa, sólo estrategias con sus tácticas. Mejor aún, tampoco hay por un lado estrategia y por otro táctica. La estrategia se pone en el lugar imposible de la totalidad, al pretender un gobierno sobre ella, una efectuación global partida de un punto local. No podemos ocupar el lugar de la totalidad porque ella nos contiene, somos parte de ella. No sólo un Dios la maneja tras sus hilos sino que tampoco el hombre puede hacerlo. Las expansiones son limitadas, y cualquier pretensión de ser infinito o global es como el cáncer: en algún momento se colapsa por su propio peso proliferante, y me viene a la memoria las intenciones del Tercer Reich alemán, que eran las de dominar el mundo y por mil años, el perfecto ejemplo del cáncer político: colapsó por su delirio inflexible de conquista y destrucción sin fin. Hasta se podría aventurar que todas las experiencias políticas del siglo XX, no casualmente llamado por Hobsbawm "el siglo de los extremos", han compartido esa pretensión "totalitaria".

Recién en la década del 70 se empieza a reflexionar en Europa sobre las consecuencias "desastrosas" de la pretensión militante revolucionaria. Por derecha, el liberalismo propone eliminar la pretensión del sujeto de hacer la revolución para dejar que actúe "naturalmente" aquel sistema sin Sujeto que Marx supo diagnosticar como "capitalismo", siendo los ricos no los sujetos que gobiernan el sistema, siendo el Sistema mismo el sujeto. Por izquierda, se comienza a esbozar la idea de una militancia política "sin sujeto ni partido". Por cinismo de la vieja izquierda, se igualan a los liberales con estos nuevos "anarquistas", al compartir ambas el rechazo de la pretensión gubernativa del Sujeto.

Aquella lúcida observación de Marx, por la cual no hay sujeto, sino beneficiarios de un sistema anónimo, generó muchos dolores de cabeza para los militantes. Para Marx y Engels no habría autonomía de la política ya que no hay autonomía del sujeto y se debe esperar a Lenin y a Gramsci para un "reforzamiento griego" del marxismo, habría sujeto y sería el militante, su Partido y su Programa, y la guerra en continuidad con la política siguiendo el modelo de conquista, expansión, influencia.

Se debe esperar a los años 70, en especial con los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia, y las rebeliones de Europa del Este, para volver a pensar la posibilidad de un cambio sin sujeto. La idea sería: así como el capitalismo no funciona gracias a un sujeto, sino a un conjunto de prácticas y reglas instituidas, lo mismo se aplica a los militantes, que vendrían a destituirlas, transformarlas en la vida cotidiana y en todas sus áreas institucionales. No hay Poder con mayúscula, y viene la creación de las propuestas teóricas de Foucault, Deleuze, Althusser, etc.

Los acontecimientos sin sujeto -que fuerce, que conquiste, etc- han producido cambios, muchos de ellos positivos que perduran hasta hoy día, Sin embargo, el capitalismo ha seguido su marcha furibunda y ha re mercantilizado con más fuerza la vida. La totalidad sigue siendo problemática, no siendo suficientes los cambios micropolíticos y locales. Vienen renovaciones del marxismo y althusserismo, sobre todo teóricas, por ejemplo de la mano del neo hegeliano Slavoj Zizek y del post althusseriano Alain Badiou. Ambas buscan rehabilitar al Sujeto, al Militante, a la Intervención, al Acontecimiento y a la Verdad. Lo que ellos llaman un retorno a Lenin, pero con Jullien podríamos denominar un retorno-reforzamiento de la base griega de pensamiento occidental. El Sujeto sería aquel que rompe la inercia, se sale del miedo y el conformismo cotidianos, hace posible lo imposible, etcétera.

Con Jullien compartimos que no es tan sencillo, que el curso de los hechos no es simplemente inerte, que la transformación opera silenciosamente sin que nos demos cuenta, que los acontecimientos son solo puntas de iceberg, indicios poco claros de cosas que escapan a nuestra percepción.








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